Se reparten roles.
Al azar se reparten.
Con el capricho de las cartas se definen los ladrones, médicos y policías.
Con lo que quede, pero sin llamar a la realidad, haremos un pueblo.
Arbitrariamente se definen las cartas caprichosas.
Voluntariamente se acepta el arbitrio de las reglas, el capricho de las cartas, el juego de los roles.
La suerte no se echa en reglas.
El exceso de las palabras o el resguardo de las mismas se vuelve necesario.
Cuidar los silencios.
Los ladrones matan escondidos en los silencios. Matan y no se vuelven asesinos.
Un policía busca darles caza... y los caza a ciegas.
Un médico busca salvar. Salvar al policía, al pueblo, a si mismo.
Y el pueblo no sabe ser a pesar de que Dios pide que así sea.
Los debates son truncos. Solo son un juego de máscaras.
Para ocultarse o para mostrarse.
Y, también para engañar.
Como si en su intento de ser pueblo no pudiera escapar a la felonía, se acepta al muerto en la primera ronda. Sea quién sea ya no importa.
No basta como precedente. Tal vez esté en las reglas pero igual se siente como una afrenta a su propia significación de lazos:
El "pueblo"... los que son, los que dicen ser, algunos...
El pueblo echa a uno del pueblo... toda una afrenta.
¿Lo acusan de ladrón?
Tal vez.
Pero es burda desconfianza la acusación.
Incluso puede ser solo la salida más sencilla para desterrar el incesante correr de las palabras.
Siempre hay uno que complica las cosas.
Todo lo posible por tergiversar el juego pasa por, al menos, un par de manos.
Y aun así, voluntariamente, se acepta el arbitrio de las reglas, el capricho de las cartas, el juego de los roles.
Ocurrirá el silencio como camino. Ocurrirá la risa como desenlace. Ocurrirá una victoria que poco importa a unos y otros.
Porque a medida que avancen las rondas, el policía se desarmará entre el pueblo, el médico hará lo suyo sin saber bien a quién ni qué demonios; el pueblo se sentirá más y más solo... y los ladrones apenas querrán ser sobrevivientes.
Y unos y otros, solo tal vez... y desconfiando hasta de los silencios.
.
.
Si no paso de la primera ronda sabré que estoy ante un grupo,
cuanto menos, precavido.
.
